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El hombre sacudió la cabeza en forma negativa, ella se encogió de hombros, cerró la puerta y siguió bailando. Frits me avisó que el cliente de Clea había salido. Del aeropuerto al hotel Eden, en pleno centro de la ciudad, son solo veinte minutos en taxi. Dejé las maletas en la habitación y de inmediato fui a dar un paseo. Le había dicho a Frits que nos viéramos el martes porque antes de hablar con él quería aventurarme por la ciudad sin referente alguno.

Me detuve en medio de ellas, sus cabezas flotaban a mi alrededor convirtiendo aquel oscuro y apacible lunes de otoño en un frenético y demencial verano de mil soles. Sus pequeños y redondos traseros se marcan con fidelidad en la ajustada tela de los pantalones y muchas prefieren no llevar nada debajo. La oscuridad y el frío aumentan y me obligan a entrar a un bar. Adentro hay hombres mayores que discuten y bromean en aquel brusco e impenetrable idioma. Sus rasgos son rudos y dos de ellos llevan gorros de marineros.

El tatuaje en mi cuello llama la atención del barman que me muestra un dragón en su antebrazo. Pido un whisky y me quedo con ellos en la barra. En mi precario inglés trabo conversación con el barman. Y aquellos hombres rudos se mecían al ritmo de esas baladas y las tarareaban cerveza tras cerveza.

Le respondo que acabo de llegar y él me cuenta que es hijo de aragonés con holandesa. Me dice que se llama Dick y me habla de otro bar donde suelen ir las ex prostitutas y me pregunta si quiero ir. Pago la cuenta y salgo con él.

Una anciana viene a nuestro encuentro, se besan y abrazados van hasta la barra, los sigo y me siento con ellos. La anciana es una tailandesa y se llama Saokham. Observé que la boca de Saokham era larga y de labios delgados como un pez.

Dick estaba hablando sobre la Fokker, había trabajado allí treinta años. La Fokker, que en se declaró en quiebra, había sido uno de los grandes orgullos holandeses. Otro era la Heineken, cuyos anuncios estaban por todas partes. Mientras Dick hablaba yo no podía apartar los ojos de la boca de Saokham. Cuenta regresiva Clea me muestra su licencia. Su tarifa es de 50 euros por cada quince minutos de sexo.

Algunas chicas se cuelgan el cronómetro al cuello, así el cliente puede programar él mismo su cuenta regresiva. Frits le explica la clase de fotos que quiere hacer y ella sonríe entusiasmada y le cuenta que en el armario tiene un uniforme de enfermera, pero que su favorito es el de monja.

Le pregunto si en verdad se llama Clea y ella asiente y me recuerda que debo pagarle por adelantado. Ellos todavía viven en un pueblo cerca de Roma, allí nací.

Antes de venir a trabajar al Wallen estuvo tres años como cajera de un negocio de calzado en Roma. Tenía un novio con quien salía los sabados a comer. Llevaban una vida modesta y tranquila. Necesitaba un cambio y no sabía qué hacer. Escuché del Wallen y una semana después estaba aquí. Frits me pide quitarme la camisa y tenderme en el catre, ella me acaricia el pecho con la punta de sus uñas. Siente que allí ha podido expresarse sexualmente.

Si un tipo le gusta se lo folla y si no, le basta con desconectarse. Se ríe y suspira. Su pelo me roza la cara—. Tengo veinticinco clientes por noche, me divierto con mi trabajo. Tenemos un sistema de seguridad. Hay días de descanso, como en todo. Y si me molesta algo me desconecto, igual hacía a veces con mi novio y mi madre con mi padre.

Frits dice que es suficiente y Clea se levanta y se pone una bata de satín rosada. Nos acompaña hasta la puerta. En el bar de los viejos nos espera Doris Day. Frits le dice que son para una revista colombiana y ella le responde que no confía en los colombianos. También Doris ha pedido el dinero por adelantado. Doris es alta y delgada, tiene un rostro dulce.

Se parece mucho a la verdadera Doris Day. Es impresionante ver a una tía tan buena como esta jovencita rubia de 18 años teniendo La madurita estaba muy caliente, y tener a mano el teléfono de Jordi era una tentación Se habían conocido en internet y era su primera cita. Cuando el tío la invitó a su casa No le vas a contar a mi padre una mierda, te pienso follar. El chico estaba tan caliente Son italianos, y ya sabemos lo importante que es el respeto hacia sus progenitores.

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